El 1 de mayo de 1981 iniciaba su operación comercial el primer grupo de la central nuclear de Almaraz, en la provincia de Cáceres, y dos años después, el 8 de octubre de 1983, lo hacía su grupo gemelo. “Durante la construcción se dio empleo a un promedio de 2.500 hombres por año”, señalaba un prospecto publicitario editado en aquellas fechas por las propietarias de la central, a la sazón, Compañía Sevillana de Electricidad, absorbida después por Endesa; Hidroeléctrica Española, que se fusionaría con Iberduero dando lugar a Iberdrola, y Unión Eléctrica, con el correr del tiempo, en manos de Naturgy.

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Imágenes de un folleto publicitario de Almaraz de los años 80. En él se explicaba, de un modo didáctico, el funcionamiento de la central y se destacaba la apuesta de otros países por la energía nuclear, como Suecia, Inglaterra y la gran potencia, Francia.

No contra la tasa Enresa, sino contra tributos arbitarios

Dado que Iberdrola tiene la mayoría del capital de Almaraz, con un 53%, fuentes del sector consideran que debe ser la compañía que preside Ignacio Sánchez Galán, la que dé el primer paso para una posible negociación con Transición Ecológica. Aunque Endesa, que controla Vandellós II y Ascó, considere que esta no es su guerra, lo que ocurra con la central cacereña afectará al resto del calendario. 

Ambas empresas han recurrido en los tribunales el Plan Nacional de Residuos Radiactivos y se preparan para hacer lo propio contra la subida de la tasa Enresa, que se encareció tras el fracaso para construir un Almacén Centralizado de Residuos (ATC) radiactivos. Pese a la resistencia de las empresas a la elevada fiscalidad de las centrales, fuentes del sector aseguran que no rechazan tanto la tasa Enresa (que entienden que deben pagar, aunque con un cálculo adecuado) como los impuestos “arbitrarios” ajenos a la nuclear. 

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