El férreo optimismo de los mercados en este arranque de 2025 se ha visto sacudido por un factor con el que nadie, o casi nadie, contaba. La irrupción de la startup china de inteligencia artificial DeepSeek ha provocado este lunes un seísmo bursátil, que puede hacer tambalear los cimientos de la fuerte subida acumulada por la renta variable desde 2023: el furor por la inteligencia artificial (IA), erigido como el gran catalizador de la economía. El próximo Internet, destinado a cambiar la sociedad y, de paso, impulsar la productividad de las empresas y sus cuentas de resultados (Goldman Sachs calculaba una mejora del 1,5% en el beneficio por acción en las empresas del S&P 500). Un optimismo del que ningún inversor podía quedar fuera, pero que solamente cristalizó en las valoraciones de un puñado de compañías: los gigantes tecnológicos con bolsillos tan nutridos como para destinar ingentes cantidades de inversión al desarrollo de modelos de IA y las empresas que diseñan, fabrican y ensamblan los chips, capitaneadas por la estadounidense Nvidia.

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