Nuestra convivencia social se encierra cada vez más en cámaras de eco, y rara vez leemos o escuchamos ya a quien piensa distinto a nosotros. Las grandes familias políticas que han estructurado el espacio de lo común en el mundo occidental durante los últimos dos siglos —liberales, conservadores, socialistas y comunistas— han estrechado drásticamente sus posibilidades de diálogo y su territorio para el acuerdo.

