Stellantis, el segundo mayor fabricante de coches del Viejo Continente, ha echado al capitán del barco en medio de la tormenta y el automóvil europeo sufre otra vía de agua en su peor momento. El grupo, que se dejó el lunes un 6,3% de su valor en Bolsa por el repentino adiós de su hasta ahora consejero delegado, Carlos Tavares, es el reflejo de la confusión e incertidumbre en la que está sumida un sector que ha vivido meses de revisiones de resultados, anuncios de cierres de plantas y conflictos con los sindicatos. El analista Daniel Roeska, de Bernstein, resume que es complicado “identificar cualquier escenario en el que estos acontecimientos [la salida de un directivo del peso de Tavares] puedan tener un efecto positivo en lo que respecta al precio de las acciones”. “Los inversores probablemente tendrán que esperar hasta la llegada del próximo CEO para obtener respuestas más fiables, y el mercado se preguntará por qué el consejo consideró que no tener un CEO permanente durante algunos meses era preferible a mantener al actual”, añadió en declaraciones a Bloomberg.

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