Donde los baby boomers y la generación X se obsesionaron con subirse a la escalera inmobiliaria antes de que los precios quedaran fuera de su alcance, la Generación Z está cada vez más pendiente de acertar con el próximo repunte de las acciones de Nvidia. Un informe reciente del McKinsey Global Institute explica por qué: la riqueza global de los hogares siguió inflándose entre 2015 y 2025 hasta alcanzar un récord de unos 494 billones de euros, pero el inmobiliario se mantuvo más o menos plano en 2,4 veces el PIB mundial, mientras que la renta variable pasó de 0,9 a 1,3 veces la producción global. Es cierto que ligar la acumulación de patrimonio familiar a una euforia burbujeante en torno a la inteligencia artificial resulta peligroso, pero no peor que basarla en pujar al alza por el precio de la vivienda.

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