Turistas en el Mercado de Alcudia (Mallorca), este domingo.

El hartazgo de los residentes baleares por la presión turística es fácil de comprobar a través de las redes sociales este verano. La etiqueta con la expresión masificación turística arroja múltiples vídeos con episodios de saturación extrema. Una joven que protesta porque el autobús que tiene que coger para salir de su trabajo en Valldemossa, uno de los pueblos de postal más visitados de Mallorca, está sitiado por turistas que dejan fuera de la cola a quienes, como ella, dependen de él para volver a casa después de una jornada de trabajo. Un vídeo tomado por un turista en el que se puede observar, con cierto agobio, que la presión de visitantes en la fotografiada cala de Sa Calobra no permite casi caminar. Imágenes de un lunes en la playa de Cala Gat en la que es imposible clavar una sombrilla más en la arena, con toallas apelotonadas sin casi separación entre personas. Son algunos ejemplos recientes que se extienden habitualmente a otras zonas ampliamente viralizadas: la archiconocida Caló des Moro, el faro de Formentor, la pequeña Cala Deià o cualquier rincón del centro de Palma hasta en un día nublado.

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Playa del Puerto de Alcudia, este domingo.Turistas en una parada de buses en Alcudia, este domingo.

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