En los pasillos de la sede de la Comisión Europea, en el edificio Berlaymont, en Bruselas, es un secreto a voces que lograr una mayor integración europea pasa por una unión de los mercados financieros. Tanto, que en los últimos años se han acelerado los reglamentos y los debates entre los estados miembros para impulsar esa integración. Las necesidades de financiar el crecimiento de Europa y de responder a un entorno geopolítico en transformación están cifradas en 800.000 millones de euros por Mario Draghi, expresidente del BCE, y facilitar el acceso de las empresas y de los inversores a los mercados es cuando menos urgente.
