Durante las últimas décadas, los inversores han podido permitirse ignorar los riesgos políticos. Eran, en todo caso, un problema propio de los mercados emergentes, o quizá el detonante de perturbaciones puntuales, pero no un factor que alterara de forma material la construcción de las carteras. Esa premisa ya no funciona. La geopolítica condiciona hoy el entorno macroeconómico, las tendencias de inversión y la asignación de capital.

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