Los mercados de deuda soberana existen desde que la ciudad-Estado de Venecia emitió sus primeros bonos en 1171, pero la deuda pública no se hizo negociable en el mundo anglosajón hasta seis siglos más tarde. Los contemporáneos mantuvieron posturas enfrentadas sobre aquel avance. Alexander Hamilton lo consideraba una “bendición nacional”, mientras que otro padre fundador de EE UU, James Madison, veía en él una “maldición pública”. Varios de los principales miembros de la Ilustración escocesa se mostraron igual de sombríos. Con la deuda pública desbocada en todo el mundo desarrollado, sus temores resultan de lo más oportunos.

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