Trabajadores de Ford en Almussafes (Valencia), reunidos para el anuncio de la alianza con Geely el pasado 23 de julio.

En 2019 se estrenó el documental American Factory, el primero de la productora del matrimonio Obama, que puede verse en Netflix. Es un relato, que entonces era desconcertante y hoy nos lo parece menos, sobre la llegada de la inversión china a ciertas zonas desindustrializadas del Medio Oeste de EE UU. Dayton (Ohio) vivía en la depresión por el cierre de la fábrica de General Motors cuando la instalación fue adquirida por un productor chino de parabrisas, Fuyao, que fue recibido como una tabla de salvación. Toma el mando de la planta el fundador de esa compañía, Cao Dewang, llamado el Rey del Vidrio, con una fortuna actual de 5.000 millones de dólares según Forbes. Se nos cuenta paso a paso, desde una cámara omnipresente, el choque cultural entre los norteamericanos y sus nuevos jefes chinos. Estos últimos están acostumbrados a la sumisión absoluta de sus plantillas, que aceptan horarios extenuantes y practican extraños ritos de culto a la compañía. En EE UU, pronto se dan cuenta, no se funciona así. Miran al personal local como vagos con poco compromiso por la empresa, y se esmeran en reprimir el sindicalismo (eso no solo lo hacen los ejecutivos chinos, también Bezos o Musk). El propio Cao se deja grabar sin filtros en la película, despotricando de sus empleados. El documental, dijo Michele Obama, no es “editorializante”: se limita a retratar lo que pasa. No esperen sacar una moralina.

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