La gestión empresarial y la política se diferencian, entre otras cosas, por el nivel de coherencia. En la segunda se registran con demasiada frecuencia casos en los que una cosa es lo que se dice —y se dice de forma oficial a través de planes—, otra lo que se hace y, una tercera, los resultados que provoca. Un triste ejemplo de esta incoherencia es la política energética, su ejecución y las consecuencias que está produciendo.

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