La resurrección de la política industrial ha dejado de ser un debate académico para convertirse en una expresión presupuestaria. En Europa, tras décadas de un paradigma liberal, la pandemia y las tensiones geopolíticas abrieron el grifo del dinero público a través de los fondos NextGenerationEU. En este gran experimento, España respondió con sus Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), movilizando dentro de ellos más de 41.000 millones de euros. Tras varios años de andadura, el balance de este gigantesco laboratorio no solo es desigual; es, sobre todo, aleccionador. Los fondos europeos han actuado como una costosa pero indispensable escuela sobre cómo diseñar política económica y de alto valor añadido en el siglo XXI.

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