La RAE define burbuja, en su acepción económica, como un “proceso de fuerte subida en el precio de un activo, que genera expectativas de subidas futuras no exentas de riesgo”. Podríamos decir que la definición es aséptica, porque no transmite lo que ocurre en el ámbito emocional cuando se forma una burbuja: la euforia, la sensación de que el crecimiento futuro justifica cualquier precio, el miedo a quedarse fuera y pensar que esta vez será diferente.

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