Todo el mundo sabe que el dinero es una convención. Pero, en la era de la globalización posterior a los 80, se asentó la útil ficción de que la fortaleza económica podía medirse en dólares o euros. Entre guerras, cadenas de suministro rotas, poblaciones envejecidas y una desigualdad creciente, ese fin se ha vuelto insostenible para los países.

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