El resurgir inflacionista se frenó en seco en abril. Si el primer mes completo de guerra, marzo, implicó una escalada de los precios superior a un punto, en el segundo el golpe se ha contenido, e incluso se moderó ligeramente: el Instituto Nacional de Estadística ha confirmado que abril cerró con una subida de los precios del 3,2% respecto al mismo mes del año pasado, un dato que coincide con el adelantado. Detrás de esa moderación de dos décimas respecto a marzo está la electricidad, que se abarata. Ello ha propiciado que el Gobierno haya anunciado el final, a partir del 1 de junio, de la rebaja de impuestos sobre la luz y el gas natural, que como adelantó este miércoles EL PAÍS pasarán de nuevo al 21% desde el 10% actual. La reducción se concibió como una medida excepcional solo para casos de encarecimiento desbocado que ahora no se están dando, dado que en abril la electricidad cayó un 4,3%, y el gas natural hizo lo propio un 9,6%. La rebaja del impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica, sin embargo, continuará.

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