La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, ha caído en una contradicción: está desplegando subsidios para atajar la inflación, que empeora a causa de la guerra en Oriente Próximo, al tiempo que las autoridades defienden el yen de la depreciación impulsada por la preocupación sobre sus planes de gasto presupuestario. En última instancia, algo tiene que ceder.
