Los jefes de la banca europea se muestran relativamente relajados ante la guerra en Irán. El Santander, Deutsche Bank y sus homólogos apenas han elevado sus provisiones. El fuerte aumento de los beneficios ayuda a explicar esta calma, pero es poco probable que dure si el conflicto se prolonga y el crecimiento se estanca. Esta aparente tranquilidad se apoya en un sólido colchón de rentabilidad acumulado durante los últimos meses de política monetaria restrictiva.
