La conectividad ha dejado de ser un asunto tecnológico para convertirse en una cuestión estratégica. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica y económica, y la aceleración digital impulsada por la IA, las redes de comunicaciones son una infraestructura crítica para el funcionamiento de los países. En este entorno, la capacidad de un Estado para garantizar el control, la seguridad y la resiliencia de sus redes se ha convertido en un elemento central de su autonomía.
