El punto y seguido a la saga de Indra arroja incertidumbres que empiezan a resolverse -o al menos a plantearse- en el día a día de los coquetos y discretos comedores de la sede de la compañía en Alcobendas, a la vera del popular Diversia y no lejos del boato de La Moraleja. El aterrizaje en la presidencia de Ángel Simón, cerrado con nocturnidad cerca de la hora en la que canta el gallo, se finiquitó un Jueves Santo sin la gracia de poderes ejecutivos para el excapitán general de CriteriaCaixa. No era lo que quería el Gobierno. La imposibilidad de alcanzar los necesarios dos tercios de mayoría reforzada en el consejo de administración para sacar adelante la votación, con los independientes rebotados y a la contra, arrojó al Ejecutivo a una solución de compromiso. Así se forjó la designación de un chairman de toda la vida y la apuesta temporal por un único ejecutivo, José Vicente de los Mozos. Remendado el entuerto, ¿alguien se imagina a Simón de presidente florero a medio plazo?
