Lejos quedaron los años de bonanza en los que la mayor economía de Europa podía permitirse grandes desembolsos económicos. Tras dos años de recesión, un 2025 con un exiguo crecimiento y un 2026 marcado por la crisis energética derivada de la guerra en Irán, Alemania se enfrenta a un futuro incierto inmersa en una crisis estructural. Los principales economistas del país llevan tiempo pidiendo una profunda reforma —la última se remonta a hace casi un cuarto de siglo— y recuerdan que no hay tiempo que perder. Mientras, el Gobierno lleva meses enfrascado en un debate sobre cómo motivar a la población para que trabaje más. Para lograrlo, el ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, esbozó recientemente una serie de reformas fiscales, algunas de ellas enfocadas a que salga a cuenta echar más horas. Quiere eliminar lo que califica de “incentivos erróneos”, como que las parejas puedan hacer la declaración de la renta conjunta.
