Varios países asiáticos, y también alguno europeo, como el esloveno, están aplicando ya medidas drásticas ante el impacto de la guerra de Irán en el suministro de petróleo y otras materias primas. Entre ellas, restricciones a la electricidad (por ejemplo, los egipcios no pudieron ver el martes en los bares el partido de fútbol de su selección contra España) y al combustible. La Comisión Europea ha pedido fórmulas de ahorro a sus miembros, como promover el teletrabajo. Estos países, por ahora, se han limitado a intentar mitigar el impacto en los bolsillos del aumento de los costes energéticos, pero, si la guerra continúa, tendrán que recurrir a métodos más severos.
