La industria automotriz mundial atraviesa un cambio de paradigma que pocos habrían previsto hace apenas tres años. Lo que comenzó como una carrera acelerada hacia la electrificación total se ha transformado en un repliegue estratégico. Actualmente, al menos 12 fabricantes de automóviles a nivel mundial están reduciendo sus planes para vehículos eléctricos ante la persistente demanda de motores de combustión y el retroceso de las políticas de apoyo tanto en Estados Unidos como en Europa. Este giro no es solo una cuestión de preferencia del consumidor, sino una respuesta a un entorno económico y político que se ha vuelto hostil para las metas de emisiones anteriormente fijadas.
