También de la penuria puede surgir coraje. El Gobierno laborista del Reino Unido, empeñado en impulsar un crecimiento económico que se le resiste y amenazado en las urnas por la sombra de la ultraderecha, ya no tiene miedo a resucitar los fantasmas del Brexit. La ministra de Economía, Rachel Reeves, ha defendido este martes la necesidad de un mayor alineamiento de las normas comerciales británicas con las de Bruselas, una idea que ha sido durante estos años la bestia negra de los euroescépticos conservadores. Para ellos, acompasar la regulación nacional con la del bloque económico del que más dependen las empresas del Reino Unido era una muestra de vasallaje y renuncia a la soberanía.

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