Algunos iluminados proclamaban a finales del siglo XX que la economía iba a crecer de forma sostenida e indefinida, sin altibajos, gracias a los aumentos de la productividad derivados de la revolución tecnológica en marcha que había traído internet a nuestros hogares. Era el fin de los ciclos económicos, decían pensadores relevantes, en línea con el fin de la historia que sentenció Fukuyama tras la caída del Muro de Berlín. El pronóstico de una economía a salvo de crisis se demostró ilusorio bien pronto. El año 2000 vivió un batacazo de los valores tecnológicos, la llamada crisis puntocom: el Nasdaq inició en marzo un desplome que se prolongó dos años y destruyó un 78% de su valor. En esos dos años ocurrieron los atentados del 11-S y se confirmó que EE UU había entrado en recesión entre marzo y noviembre de 2001. Empezó la “guerra contra el terror” de George Bush y nunca acabó, se formó el trío de las Azores para atacar Irak, el terrorismo islamista golpeó a Europa. Hay extraños paralelismos con el hoy, cuando coinciden el temor a la sobrevaloración de los valores tecnológicos y un incendio catastrófico en Oriente Próximo. Hasta vuelve a sonar el “no a la guerra”.

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