Rusia está obteniendo una cuantiosa recompensa por su pérdida de influencia en Oriente Próximo. Moscú elaboró su presupuesto para 2026 basándose en un precio del crudo de los Urales de 59 dólares por barril. Era una previsión realista, y casi se correspondía con el precio al que cotizaba su petróleo a finales de febrero. Pero en los 10 días transcurridos desde que estalló la guerra en Irán, se ha disparado hasta superar los 80.
