La inseguridad crónica de China le ha dado una inusual protección ante la crisis de Irán. Años de cobertura han permitido acumular reservas de crudo suficientes para mantener su economía funcionando durante al menos 120 días, al tiempo que han obligado a Pekín a diversificar sus proveedores mucho más allá de Oriente Próximo. Su moderada inflación da un tercer amortiguador.
