El peaje aduanero que EE UU ha impuesto a la importación de acero ha acabado por estrangular a Tubos Reunidos, una compañía vasca que atraviesa uno de los peores momentos de sus 134 años de actividad fabril y necesita con urgencia una solución para salvar su continuidad. El año pasado perdió 71,3 millones de euros, acumula una deuda de 263 millones y sus perspectivas de ventas son muy pesimistas. La crisis que atraviesa el fabricante de tubos de acero sin soldadura ha llevado a su dirección a presentar un plan de viabilidad que pasa, entre otras medidas traumáticas, por el despido de 301 de sus 1.300 trabajadores y por el cierre de la acería de Amurrio (Álava). “Si no hay un acuerdo antes de la Semana Santa, el futuro de la compañía peligra”, dice un representante de la compañía. Los trabajadores mantienen un hilo de esperanza: “Nosotros no damos nada por perdido. Esto es algo cíclico y podría ocurrir que hagan falta los 300 compañeros que ahora quieren echar a la calle”, dice Andrés García, que este año cumple 24 años en la fábrica.

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