Planta fotovoltaica en Guillena, en la provincia de Sevilla.

Las pesquisas sobre el mayor apagón de la historia de España tienen todas las trazas para convertirse en una larga función en tres actos. El primero, y quizá más novedoso, busca vínculos entre las oscilaciones registradas en las redes europeas media hora antes de que el sistema ibérico se viniese completamente abajo. El segundo, identificar por qué Red Eléctrica de España (REE, el gestor del sistema), pese a activar los cortafuegos hasta en seis ocasiones, fue incapaz de encapsular el problema y evitar, así, que más de 50 millones pasasen horas sin luz. El tercero —y aquí también hay novedades—, determinar por qué y cuántas centrales de generación de electricidad dejaron de inyectar electricidad a la red poco después del mediodía del 28 de abril y desencadenaron una caída en cascada.

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