La calidad de los servicios públicos no es algo que cae del cielo, es el resultado de una inversión constante, estratégica y bien orientada. Y no precisamente es lo que parece haber pasado desde finales de la primera década de este siglo. Por ejemplo, un sistema sanitario eficiente, una educación de calidad o un transporte digno no surgen solos, son la consecuencia directa de decisiones presupuestarias tomadas años, incluso décadas atrás. Y lo que nos dicen los datos es que llevamos más de una década con lo que podríamos advertir como una infrainversión en infraestructuras de servicios públicos.

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