Ha llovido mucho desde que Carlos Tavares asumiese los mandos de PSA, allá por 2014. En aquellos tiempos, PSA, dueña de dos marcas francesas históricas como Peugeot y Citroën, venía de perder más de 7.300 millones de euros entre 2012 y 2013. La compañía, que era una ruina, acometió entonces una ampliación de capital de 3.000 millones para dar entrada en su accionariado a la china Dongfeng, que pasaría a tener el mismo peso que el Estado francés y la familia Peugeot: todos un 14%. El nuevo accionariado apostó por un portugués que venía de Renault, Carlos Tavares, alumno aventajado de una leyenda del mundo empresarial del automóvil como Carlos Ghosn, quien por esos años lideraba la Alianza Renault-Nissan-Mitsubishi y que tiempo después protagonizaría una huida de película para salir de Japón escondido en una caja de instrumentos musicales.

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