La actividad económica y las finanzas suelen ir de la mano y su deterioro se retroalimenta recíprocamente. La guerra comercial declarada por Donald Trump contra el mundo ha empeorado las previsiones de crecimiento económico y la vez ha provocado un terremoto (o varios, más bien) en los mercados financieros. En ese contexto de máxima incertidumbre y volatilidad, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que “los riesgos para la estabilidad financiera mundial han aumentado considerablemente” y pide a las autoridades, especialmente los bancos centrales, que se conjuren para evitar una crisis financiera. “La historia ha demostrado una y otra vez que las crisis financieras conllevan costes macroeconómicos significativos y persistentes”, avisa.
