El bautizado por Donald Trump como Día de la liberación ha provocado varios terremotos financieros y diplomáticos. El más evidente fue el desplome de los mercados tras la firma del presidente de Estados Unidos sobre los nuevos aranceles, hasta que poco tiempo después, ante la escalada de los tipos del bono a 10 años, se retractara parcialmente. Esta estrategia fallida ha sido, una vez más, racionalizada por seguidores y admiradores del impulsivo líder de la Casa Blanca, no solo por sus correligionarios estadounidenses, sino también por seguidores europeos que, como él, ven en la Unión Europea todo aquello que no quieren.
