La decisión de Donald Trump de revocar los permisos de extracción a Repsol en Venezuela es el último hito de la carrera de obstáculos que ha tenido que afrontar la petrolera de origen español desde que empezó a operar en el país latinoamericano hace 32 años. En abril de 2024, el presidente Joe Biden revocó la licencia general que otorgaba a las compañías petroleras para operar en Venezuela y en mayo otorgó a Repsol y a otras cuatro compañías (la estadounidense Global Oil Terminals, la italiana Eni, la francesa Maurel & Prom y la india Reliance Industries) una dispensa especial para operar en el país. Esa última es la que anuló el lunes por la mañana el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, lo que va a suponer que Repsol tendrá que renunciar a una producción media de 67.000 barriles diarios y tendrá que afrontar un riesgo patrimonial de 504 millones de euros, tal y como constataba en su último estado contable.
