En un escenario de constante cambio, la industria alimentaria no se detiene. La evolución de las empresas de este ramo —que en Europa tiene una cifra de negocio de más de 1,1 billones de euros y que se ha consolidado como la principal actividad del sector manufacturero— se ha visto acelerada por una mayor innovación, una regulación ambiental cada vez más exigente, una digitalización feroz, movimientos en el mapa geopolítico y una mayor diversidad en los gustos de los usuarios. La velocidad de transformación ha llevado a este pilar de la economía a ser un laboratorio de innovación en el que se testea la revolución 4.0. El escenario, sin embargo, es como un juego de ajedrez en el que a cada paso se redefinen las reglas.
