Desde hace unas semanas, cuando las manecillas del reloj marcan las 21.00, comienza una coreografía inusual en la sede de una de las mayores tecnológicas de Shenzhen (Cantón, sur de China). Los técnicos de recursos humanos de DJI, el principal fabricante chino de drones, recorren los pasillos de la compañía con urgencia, instando a los empleados a abandonar sus escritorios. Apenas se permiten excepciones y a los rezagados se les apremia: la regla es clara, hay que fichar la salida para esa hora. La prensa local resalta estos días que algunas firmas chinas están poniendo coto a las horas extra, y destacan también a los gigantes de los electrodomésticos Midea y Haier por incentivar “jornadas más cortas” y “el descanso obligatorio en fines de semana”.
