La relación entre los empresarios Miguel Valladares y José María Castillejo se vio enturbiada por la guerra accionarial en Zinkia Entertaiment, la productora de Pocoyó. La ejecución de los préstamos con los que el mexicano financiaba la empresa de su entonces socio, Jomaca 98 —a través de la cual Castillejo canalizaba la participación en la compañía audiovisual— provocó un vuelco en el consejo de administración. En 2016, Valladares se convirtió en el máximo accionista de Zinkia y destronó al VII Conde de Floridablanca como presidente. Este giro abrió la guerra accionarial, y los cruces de acusaciones (incluso por estafa) empezaron a llegar a los tribunales para hacer valer la titularidad de las acciones que daban acceso al mando del conocido dibujo infantil. Todo ello en paralelo al concurso de acreedores de la sociedad patrimonial de Castillejo, sobre el que quedaban flecos sueltos, y que acaba de resolver el Tribunal Supremo, como una deuda de 6,76 millones de euros por la compra de dichas participaciones.

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