En la imagen, el stand de Samsung en el Mobile World Congress 2025 en Barcelona con teléfonos, relojes, anillos y tablets.

Hubo una época en la que el té era una obsesión tan grande como lo son hoy los chips. Hasta mediados del siglo XIX había una sed tan imperiosa por este brebaje en Europa, y en especial entre los británicos —y por otros productos como la seda o la porcelana— , que la balanza comercial estaba totalmente decantada en favor de China. Esta nación lejana custodiaba los secretos del té y tenía el monopolio de su comercio. El Imperio Británico logró romperlo mediante un duro enfrentamiento comercial y físico —las Guerras del Opio— y mediante las artimañas de un botánico, Robert Fortune, que se disfrazó para cruzar la frontera y estuvo varios meses recolectando muestras de plantas de té y convenciendo a maestros chinos para replicar los cultivos en Darjeeling, en la India británica. Hoy, la misma sed anhela otros bienes y servicios, sobre los que se ciernen también los recelos geopolíticos: chips, procesadores, supercomputadores, inteligencia artificial, 5G… Pero en medio de la guerra comercial que ya está en marcha, con aranceles cruzados y regulaciones proteccionistas, ya no hace falta disfrazarse para seguir haciendo negocios. Solo es necesario llevar una acreditación del Mobile World Congress (MWC) para que todo fluya.

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