Restaurar es hacerles la colada a los que han hecho arte, dice un personaje de Chirbes en la novela Crematorio. Europa se acostó con una crisis inflacionista que no se veía desde hace décadas, y se ha levantado con esa fiebre prácticamente curada, pero con otros achaques: la gripe italiana, el país que puso de moda la inestabilidad política y los cambios de gobierno, ha viajado más al norte, con Alemania recurriendo al adelanto electoral en plena recesión tras disolverse la coalición gubernamental como un azucarillo. Francia, en cambio, parece aquejada de una fusión vírica de origen greco-belga: por un lado, vive bajo la amenaza de ataques especulativos a su prima de riesgo si no saca adelante unos presupuestos que tranquilicen al mercado sobre el alto déficit. Y por otro, tras la caída del primer ministro Michel Barnier, se asoma al vacío de gobierno que tan bien conocen sus vecinos del país del chocolate y la cerveza. En ese escenario de turbulencias y bajo crecimiento, el Banco Central Europeo volverá a bajar los tipos de interés este jueves, la cuarta vez en 2024, la tercera consecutiva. Un modo de poner la lavadora a funcionar para sacar algunas manchas a los trapos sucios del otrora boyante eje francoalemán, y tratar así de restaurar en lo posible el cuadro de una Europa que no deja de perder peso en la economía global.

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