
La complicada situación de Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes acabó con su dimisión el martes, en plena sesión de la Diputación Permanente del Congreso. Al margen de su nivel de responsabilidad concreto en los dos terribles accidentes de tren que se han producido este año, el solo hecho de que hayan tenido lugar, como él mismo reconoció, hacía casi inevitable su cese. Su intensa y polémica actividad en las redes sociales, cada vez menos relacionada –al menos en términos relativos– con su propio departamento, no había ayudado a reforzar la confianza en su gestión.
