Lula da Silva parece incombustible. El domingo ganó por cuarta vez las elecciones presidenciales, derrotando por sorpresa a Flavio Bolsonaro, y rompiendo una tendencia creciente en Iberoamérica y en el mundo hacia la derecha y la ultraderecha. Los mercados reaccionaron con asombro y consternación, porque se preveía una política más proempresa por parte del candidato perdedor. El Santander y Telefónica sufrieron duras caídas. No es que Lula esté considerado como un irresponsable fiscal, y en sus dos primeros mandatos logró combinar el crecimiento con superávits, pero ahora la situación es más compleja (lo es en todo el mundo), con la deuda pública en niveles muy altos. Con un Parlamento dominado por el centroderecha, el Gobierno de izquierdas seguirá teniendo problemas para sacar adelante sus planes.
