En 2016, Donald Trump tuvo razón cuando en su conferencia de prensa inaugural como presidente de Estados Unidos sostuvo que su intención no era dividir el país porque, en realidad, este ya estaba seriamente dividido antes de que él llegara. De hecho, la revista Time, al nombrarlo persona del año, le bautizó como el presidente de “los Estados Divididos de América”. Las encuestas de 2014 ya habían detectado una creciente desafección de la ciudadanía hacia la cohesión nacional, traducida a su vez en un desprecio cada vez más intenso por las instituciones federales, hasta el punto de que más del 20% de la población de diferentes estados veía con agrado perpetrar una segunda secesión.

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