La obsesión del ser humano por medir el paso del tiempo se remonta a más de 5.500 años, cuando los egipcios utilizaban la sombra proyectada por un gnomon para seguir el transcurso de las horas. Desde entonces, la relojería ha experimentado una evolución técnica constante hasta el punto de convertirse en una herramienta indispensable en algunos de los hitos más emblemáticos de la historia, como la llegada del hombre a la Luna en 1969 con el Omega Speedmaster Moonwatch Professional en la muñeca del astronauta estadounidense Buzz Aldrin.
