La reciente subida de tipos de interés del BCE, la segunda desde junio hasta el 2,5%, es una buena noticia para el ahorro conservador, el mayoritario de forma abrumadora para los españoles, si no fuera porque las remuneraciones que están pagando las entidades más generosas en sus depósitos quedan por debajo de la inflación y porque la banca tradicional tiene un conocido reparo a trasladar las alzas de tipos a la rentabilidad del pasivo.
