Los próximos meses quitarán o darán razones, sobre todo en un entorno tan volátil como el actual. Pero, de momento, el flamante presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha logrado encarrilar una situación que hace poco más de tres meses era explosiva. La coyuntura (petróleo caro, inflación al alza, datos económicos sanos) obligaba a una subida de tipos; la presión de Donald Trump apuntaba, a semanas de las elecciones, a lo contrario. Warsh, un animal de Wall Street con experiencia también en la Fed, aprovechó su oportunidad de un modo que refleja, también, un cierto instinto político.
