
Un lobista es una persona que intenta que un legislador vote a favor de algo que no comprende, pero de lo que está convencido”. Esta frase del humorista y actor estadounidense Will Rogers durante los días posteriores a un debate del Congreso estadounidense sobre la actividad de los grupos de presión reflejaba con sarcasmo una realidad inherente al proceso legislativo: la brecha de conocimiento técnico que existe en muchos casos entre quien aprueba las leyes y los directamente afectados por ellas.
