En la serie de comedia Los informáticos (2006), los dos protagonistas, Roy y Moss, le dan a su compañera Jen, que no sabe absolutamente nada de ordenadores, una caja negra con una luz roja y le dicen que es, literalmente, “internet”, y que debe tratarla con mucho cuidado. Lo que ahí era una broma puede convertirse (casi) en realidad con la inteligencia artificial de uso local: es decir, cuando los modelos se descargan en un ordenador y funcionan sin necesidad de conectarse a la red. Las IA pueden responder sobre muchos temas sin necesidad de consultar las fuentes originales: buscan en su propia memoria, como las inteligencias humanas. Ya existe un abanico de modelos de IA de código abierto como los chinos (Qwen o DeepSeek) o los que comparten los usuarios de HuggingFace, la plataforma comprada ahora por Nvidia, que pretende controlar así la distribución del software. Pero todo lo relacionado con la IA se mueve tan rápido que es difícil aventurar si la compañía de Jensen Huang se saldrá con la suya. En la serie, Jen enseña la caja en una reunión de directivos, y acaba rompiéndose, provocando el pánico. Ahora, quizá todo el mundo pueda tener la suya.

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