El fenómeno del crecimiento de los estudios de videojuegos, especialmente de los juegos en el móvil, no se entiende sin la pandemia de la covid-19. Este sector vivió un auténtico auge cuando en 2020 el coronavirus obligó a confinar a medio mundo y, una vez en casa, el teléfono y la consola se erigieron como los pocos elementos de entretenimiento al alcance de la mano. Y la pandemia no se entiende sin el teletrabajo. En aquel momento, prácticamente de la nada empezaron a surgir estudios, grandes y pequeños, multinacionales o independientes, que se instalaban en España, especialmente en Barcelona y Madrid, contratando a amplios equipos y ofreciendo teletrabajo y flexibilidad para atraer empleados y competir por el talento. Seis años después, la burbuja se ha pinchado y el sector vive un cierto retroceso, lo que ha llevado a varias compañías a cerrar o a redimensionar sus plantillas. Y en paralelo, muchos están decretando el fin del teletrabajo y obligando a los empleados a ir a la oficina. Los sindicatos no lo ven como una coincidencia, y creen que una cosa lleva a la otra: aseguran que las empresas están decretando la vuelta a la oficina para forzar salidas voluntarias y ahorrarse indemnizaciones.

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