Tras el verano septentrional llega el nuevo curso político y económico con inevitables cambios tanto a nivel nacional como global. Los de carácter político están en manos de los electores, pero los económicos, hijos en parte de los primeros, barruntan mar gruesa en el horizonte. Con la guerra de Irán encasquillada, la inflación persistirá más tiempo del previsto, los tipos de interés volverán a subir (ya lo han hecho los bonos en medio mundo), se encarecerá la financiación de la economía, se estresarán las finanzas de los Estados, de las empresas y de las familias, y se frenarán el crecimiento y el empleo. Una singladura con mar gruesa.

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