El anuncio estadounidense sobre el petróleo venezolano del pasado sábado evoca un pasado colonial que abre (o refuerza) muchos más interrogantes de los que cierra. En primer lugar, sobre el futuro del país: el acuerdo apunta a un régimen de protectorado propio de la Centroamérica de los años 1920, cuando se acuñó el término república bananera: la legitimidad de Delcy Rodríguez para entregar las reservas petroleras no es muy distinta de la de Nicolás Maduro para nacionalizar empresas. La segunda duda es de carácter práctico. La industria petrolera venezolana necesita inversiones milmillonarias, 86.300 millones de dólares según apuntó Caracas, y de largo plazo.

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