Durante años, el mercado de criptoactivos ha vivido entre dos extremos: la fascinación desmedida y el escepticismo radical. Para unos, representaba una revolución financiera inevitable; para otros, un territorio demasiado volátil, opaco y difícil de encajar en los marcos tradicionales del mercado. Entre ambas visiones ha predominado a menudo una conversación superficial, marcada más por el ruido que por el conocimiento. Y, precisamente ahí, reside hoy el verdadero desafío.
